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Roma. 21 de septiembre de 2019. Ese día llegué – en el asiento 21 del avión – al número 21 de una calle paralela a la Basílica de San Pedro. De septiembre a enero Roma fue todo lo que te puedes imaginar. Conocí a gente increíble, me acostumbré a oír el “ciao bella!” a cada esquina que giraba, al descaro y encanto italiano, al olor a café de las mañanas y pizza en horno de leña a la hora de comer, por todas las calles. Me acostumbré a un tráfico peor que el de Vietnam, me hice a la idea de que si cogía un autobús, la probabilidad de que llegara tarde era de 9/10. Me acostumbré a ir andando a todas partes, de cruzar por el Vaticano todas las noches para volver a casa, y me acostumbré a hablar una mezcla de español, francés e italiano de la que todo el mundo se reía, pero que nadie juzgaba. Me hice a Roma de la misma forma que ella se hizo a mí: rápido, pero con mucho cariño.

Siempre he sido feliz, mucho. He tenido mucha suerte en la vida. Pero en esos meses cada vez que volvía a casa de tomarme algo con mis amigos, me sentía hasta culpable de la felicidad. No creo que existiese nadie más feliz ni más agradecida en el mundo entero. Cuando en febrero mis amigos que estaban también de Erasmus se fueron a sus casas repartidas por el mundo, me empecé a preparar. Seguía teniendo mis amigos italianos, pero el grupo ya no estaba completo y se iba a notar.

Llegará gente nueva, pensaba. Dos semanas más tarde salían las noticias de Coronavirus en Italia. ¿Me planteé volver? Ni un momento. ¿Pequé de ingenua? También. Nunca pensé que me cerrarían las fronteras, ni que pasaría 63 días en una casa que no tiene ni salón, y que al estar bajo tierra apenas tiene luz natural, totalmente sola. Mis compañeras de piso se fueron de casa a tiempo. Mis amigos volvieron con sus familias, fuera de Roma la mayoría. Yo enfermé con 42º de fiebre, que me dieron alucinaciones y me hicieron perder 6 kilos en una semana. Una enfermera venía todos los días vestida de astronauta a inyectarme medicinas, y mi novio, gracias a Dios romano, me dejaba comida a dos metros de la puerta de casa. Y ahí entendí. No somos tan fuertes, ni tan independientes, ni tan adultos. Nunca se llega a serlo. Nos necesitamos. Si algo nos enseña esto, es que tenemos que ser más humildes.

Aunque a veces me dan ganas de dramatizar y decir “pasé una Pandemia yo sola” en realidad tuve mucha suerte. Yo trabajaba a distancia de antes de todo esto y mis universidades, romana y madrileña, estuvieron pendientes de facilitar todo el proceso. Los días se me hacían eternos, pero las semanas pasaban volando. Trabajaba, estudiaba, leía, pintaba, y pensaba. Y aunque tuve días malos, horribles, seguí siendo feliz. Es verdad que no es lo mismo tener a tu familia en casa que llamarles por videoconferencia, sin saber cuándo les vas a poder ver de nuevo. Pero no lo veo como algo necesariamente negativo.

Estoy aprendiendo muchísimo. De mí misma, de lo que necesito y de lo que quiero, de lo que realmente me hace feliz y de lo que puedo prescindir. Y no digo que ahora yo sepa exactamente quién soy y qué quiero de la vida. Ni que no haya sido de lo más difícil que he hecho nunca. Solo que doy gracias por haber tenido la oportunidad de parar, y pensar. Sin fecha tope, yo sola. No podemos controlar el mundo, eso ha quedado claro. Hay que aprender a fluir, a adaptarse a cualquier cosa y saber ser feliz haciéndolo. Es cuestión de encontrar tu base, lo que quieres sí o sí que haya en tu vida, y saber prescindir de todo lo demás. Algo que no es rígido no se puede romper. A Roma la llaman la ciudad eterna. El 21 de abril cumplió 2.773 años, y a pesar de todo, sigue siendo “La grande belleza”. Yo de mayor quiero ser como Roma, irrompible.

A día de hoy, paseo por una Roma que no se veía desde los años 60, completamente vacía, donde solo se oye italiano y sonrisas bajo mascarillas llenas de esperanza: un “andrà tutto bene” en el aire. La enseño en Instagram, y la gente me dice que qué suerte. Y tienen razón. Después de todo, qué suerte la mía. Así que, hoy y siempre, gracias.

Icíar Navarro Arenas, estudiante de Publicidad y Marketing

Estancia Erasmus en LUMSA, Roma 2019-2020

@iiciiar